TRATAMIENTO DE LA ANSIEDAD Y EL ESTRÉS EN LEÓN

Tratamiento para la ansiedad en Leon

La Ansiedad

La ansiedad es diferente de una persona a otra y de una situación a otra, y el psicólogo tiene que acertar a construir un modelo válido y un tratamiento adecuado para cada individuo concreto y en cada situación concreta. En Atención Psicológica Cristina Rojo Codesal le podemos ofrecer una intervención individual y personalizada asentada en años de experiencia en la intervención en este ámbito.

La ansiedad es una emoción que, en muchas circunstancias, es adaptativa para el individuo ya que le permite estar alerta y dispuesto para hacer frente a los cambios y problemas que el ambiente le plantea. Es probablemente la más común y universal de las emociones y está presente a lo largo de toda la vida del individuo. Cuando se emplean términos como nerviosismo, inseguridad, inquietud, angustia, tensión, temor o miedo, se está haciendo referencia a la experiencia de la ansiedad.

La ansiedad, es por tanto, un componente inevitable de nuestro día a día. La personas superamos las adversidades que nos plantea la vida incluso hasta en las situaciones más extremas de inseguridad. Pero en algunas ocasiones esta capacidad de adaptación se puede ver dificultada y como consecuencia podemos llegar a vivir continuamente con niveles desproporcionados de ansiedad que no se corresponden a la peligrosidad real de las circunstancias.

La ansiedad excesiva nos roba bienestar y nos trasforma en seres asustadizos, aprensivos, tímidos, obsesivamente preocupados, extremadamente sensibles a las opiniones de los demás, nos debilita, nos bloquea, derriba nuestro estado de ánimo, nos resta capacidad para disfrutar de las emociones placenteras.


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Se trata de un cuadro de obsesiones (pensamientos) y rituales compulsivos (actos) repetitivos que el individuo es incapaz de eludir aunque lo intente, con un gran componente de ansiedad y pudiendo llegar a ser muy incapacitante para quien lo padece.

Se caracteriza por la aparición de ataques de pánico y la preocupación constante por la posibilidad de que se puedan dar nuevos ataques, así como sus consecuencias. Podríamos definirlo como la aparición aislada y temporal de miedo o malestar intenso acompañado generalmente de sensaciones de peligro inminente y de un impulso a escapar, durante el cual se presentan al menos cuatro de un total de 13 síntomas somáticos o cognitivos que inician bruscamente y alcanzan su máxima expresión en los primeros diez minutos. Estos síntomas son: palpitaciones o elevación de la frecuencia cardiaca; sudoración; temblores y sacudidas; sensación de ahogo o falta de aliento; sensación de atragantarse, inestabilidad, mareo o desmayo, opresión o malestar torácico; nauseas o molestias abdominales; desrealización (sensación de irrealidad) o despersonalización( sensación de estar separado de uno mismo); miedo a perder el control o a volverse loco; miedo a morir; parestesias; escalofríos o sofocos.

Cuando se reúnen todos estos criterios pero se presentan menos de cuatro de los síntomas, se habla de ataques de pánico con síntomas limitados.

Las personas con trastorno de pánico a menudo desarrollan agorafobia, que es la tendencia a evitar lugares o situaciones donde la huída podría resultar difícil o vergonzosa, o donde no podrían obtener ayuda en caso de un ataque de pánico. Aunque los tipos de lugares o situaciones evitadas varían muchísimo de una persona a otra y a veces incluso de un momento a otro, en general se constata la presencia de una pauta definida.

La fobia social se caracteriza por el miedo a sufrir vergüenza o humillación en situaciones sociales. Como consecuencia de este miedo, se evitan las situaciones donde uno debe "actuar" y someterse al examen de los demás. En cierto sentido, la fobia social es una forma extrema de "ansiedad de desempeño". A algunas personas el solo hecho de pensar en situaciones temidas puede provocarles una ansiedad seria e incluso ataques de pánico.

El trastorno de estrés postraumático o TEPT se presenta a consecuencia de un acontecimiento fuertemente traumático o especialmente trágico. Una persona con TEPT puede experimentar una serie de síntomas: Imágenes recurrentes del acontecimiento traumático y sensación de volver a vivir el suceso traumático en el presente. Estado de alerta constante con la aparición de dificultades para conciliar el sueño, hipervigilancia, irritabilidad, dificultades de concentración, etc. Evitación de estímulos que puedan asociarse con la experiencia traumática. Estado de ánimo bajo, depresión y dificultades para expresar emociones positivas.

Se trata de una forma difusa y crónica de ansiedad, uno de cuyos síntomas más característicos es la preocupación excesiva e incontrolable. Destacan como síntomas fisiológicos los relacionados con tensión muscular, hipervigilancia (sentirse en peligro, respuesta de alarma exagerada, irritabilidad, dificultad para concentrarse y dormir), e hiperactividad vegetativa (palpitaciones, sudoración, sofocos, micción frecuente, nauseas, flatulencia, diarreas, etc.).